A veces veo que el cielo, con la rabia de todo el mundo se me viene encima, no trato de dejarme caer, pero el estar en el asfalto solo y con la necesidad de salir de ahí, sin irme muy lejos, dejaría que mi cuerpo muera en el silencio de las cosas que me afectan y mi ataúd fuera todos las virtudes y sentimientos de los cuales he vivido todo este tiempo, las palabras salen y manchan el camino de un caballero convertido en indigente, se rompen las imágenes de la riqueza y el pan sucio bajo el brazo de un pobre, le da vida a un cuento de miedo en el cual me he aferrado, ya no hay nada de ese color azul que manchaba mis ojos al amanecer y el dorado que caía como escarcha en mi cuerpo y en la ilusión de mis cosas, me quisiera ir de aquí, para dejar que mi cuerpo se consuma con el paso del tiempo.
Alzo la copa y brindo por todo, desde el primer grito en los inicios de mi vida, hasta el llanto por la derrota en estos momentos, celebro cada vez que me doy cuenta que una copa es la muerte de mis penas y mi apoyo en este inmenso sufrimiento, pero sonrió y salgo corriendo, tomo un poco de aire, y me voy buscando, donde bote mi vida, donde deje mi pasado, donde deje mi familia, donde estoy, ya ni me reconozco, así como en el mar de las penas mi cuerpo se ahoga, burbujas de dolor, de odio, de pena, mi cuerpo marcado, deja de flotar y con el peso de mis errores dejo lo que con tanto amor y esfuerzo construí y que en poco tiempo lo perdí.
Ahora, sin identidad, ni vida camino, en este lugar bullicioso, las mismas palabras, el mismo camino, todos los recuerdos de una mala vida renacen culpándome de esto, den eso, de todo, entre lagrimas y suspiros, sin esperar nada mis más bellos pensamientos se desvanecen como un cigarrillo en la boca de un fumador, soy la ceniza de este mundo, ya no soy nadie el pesimismo a consumido mi casa, mi pieza, mi cama, mis sueños, culpa mía de aquella que con tanto dolor un día patee a todos los que me querían matar, aquellos que nombraban mi nombre entre su maldita envidia, de esos que siempre pasaron limpiando mi vida y cuidando mi herencia, ellos que en palabras y gozos murmuran mis pecados, esos hijo de puta que acabaron con mi vida, esos que le dan al universo un poco de vicio, un poco de risa un poco de lagunas mentales en una noche de farra, esos que con las ganas más grandes de vivir sobrepasan la luz de un ser para meterlo de espaldas en el infierno donde estoy, y de el cual ya no voy a salir.
Cuento corto con el más largo final, no me arrepiento de las cosas que hice, ni de lo que un día viví, me quejo por perder, por no ser el campeón que era, aun que todavía lo sienta, me quejo de lo bueno, de lo que a mí me mato, de los que con amor me sometieron a esto, y de aquellas palabras que en mi muerte se pronunciaron, ¡ porque…¡ ya el cielo era oscuro y mi nombre aparecía en una lapida, mis días entre tantos recueros se desvanecían, y ahora en mis seres más queridos he desaparecido, olvidado en un monte, bajo mucha tierra mi cuerpo espera que con tu amor me des una vida más, otra oportunidad, que con el poder de tus manos seas capaz de abrir los ojos de mi nuevo mundo allá con los muertos… poco fin para este asesino, muerto en vida con balas de desprecio, encerrado aquí y allí en todos los caminos de este puta mundo asqueroso.
Fin de una vida, pero no de esta historia….